Cineastas, guionistas y viceversa: Jeph Loeb

El diluido estreno español de la primera y única temporada Helstrom, ha pasado casi desapercibido en el desembarco hoy de Star en la plataforma de Disney+. Incluso ha motivado más comentarios  la ausencia de Logan, y sobre todo la apoteosica recta final de Bruja Escarlata y Visión, evidenciando el cambio de guardia de la imagen real televisiva marvelita, desde la ya amortizada Marvel Television de Jeph Loeb a la todopoderosa Marvel Studios de Kevin Feige. Pero Loeb ha marcado no una, sino varias etapas de la historia editorial y televisiva de la Casa de las Ideas, y para ofrecerle una despedida a la altura, volvemos a revivir nuestra sección dedicada a los principales guionistas llegados a Marvel desde otros medios, como ya hicimos con las recientes polémicas que devolvieron a la actualidad a Joss Whedon,  rescatando su perfil en la anterior encarnación de este blog, cuando su mandato catódico estaba en plena expansión, a comienzos de 2014 y actualizándolo hasta su salida.

Para empezar, le debemos dos iconos del videoclub ochentero como Teen Wolf, de pelo en pecho (sí, el de la foto es Loeb) y Comando, que marcaron su primera etapa junto a Matthew Weisman como productores y guionistas de Serie­ B y ocasionalmente televisivos. Hasta que en 1991 presentó a iniciativa propia un episodio para la serie Flash, el relámpago humano, finalmente desechado pero gracias al cual contactó con la editora Jenette Kahn y recaló en DC. Una oportunidad muy bien aprovechada, coincidiendo en su primer encargo, la sorprendentemente experimental Los Investigadores de lo desconocido: ¡deben morir! con Tim Sale, dando origen a un fructífero tándem creativo que eclosionaría en clásicos instantáneos como Batman: El Largo Halloween o Superman: para todas las estaciones. También dividiría literalmente en dos su carrera, resultando muy difícil reconocer en aquellas obras al escritor que al mismo tiempo creaba en Marvel al X­-Man de «La Era de Apocalipsis» o firmaba el Capitán América y Los Vengadores de Rob Liefeld, acompañándole incluso a su exilio en Awesome tras su expulsión de Heroes Reborn para relanzar Fighting American.

La burbuja estalló. La “NeoMarvel” de Joe Quesada reemplazó los anteriores escritores­ comparsa que habían germinado a la sombra de los dibujantes­ estrella con una nueva generación de autores provenientes de la esfera independiente, el cine y la televisión. Dado su inaudito desdoblamiento creativo, Loeb se encontraba en el justo medio, invirtiendo sus respectivos roles comercial y autoral con la Distinguida Competencia. En Marvel, nuevamente junto a Tim Sale, nos brindó tres emotivos epitafios a Karen Page, Gwen Stacy y Betty Ross en Daredevil: Amarillo, Spiderman: Azul y Hulk: Gris , mientras que en DC mostraba su faceta más palomitera como guionista regular consecutivamente de Superman, Batman y el cruce de ambos, siempre con dibujantes punteros y altísimas ventas, pero resultados muy dependientes de su pareja de baile. Y por si fuera poco, simultáneamente volvía a la televisión con Smallville, conservando el dominio DeCeita en la pequeña pantalla cuando Marvel le había arrrebatado el de la grande.

Toda esta actividad se vio truncada en 2004 para atender a su hijo enfermo de cáncer. El número siguiente a su despedida de Superman/Batman estaba firmado póstumamente por el propio Sam Loeb, que falleció a los 17 años antes de poder terminarlo, destinándose sus beneficios a recaudar fondos para una beca con su nombre. El impresionante elenco de colaboradores que completaron el número incluía entre otros a Allan Heinberg y Geoff Johns, con quienes Jeph comparte actualmente estudio, o John Cassaday y Joss Whedon tras ser eximidos de su contrato en exclusiva con Marvel Comics, junto a nombres de la talla de Arthur Adams, Jim Lee, Rob Liefeld, Joe Madureira, Ed McGuinness, Carlos Pacheco, Brian K. Vaughan y por supuesto Tim Sale, como muestra de su privilegiada posición en la industria.

Jeph firmó un contrato en exclusiva con Marvel en 2005, si bien asumiendo en un principio proyectos de mayor calado institucionalque argumental, como el sexagésimo quinto aniversario de Stan Lee en la editorial o el décimo de Heroes Reborn, nuevamentedestinado a la Fundación Sam Loeb, claramente homenajeado en ladespedida de Ricky Burnes. También jugó un papel entre bastidores en Civil War, proponiendo su ciudad natal, Stamford, comoescenario del incidente detonador de la saga y encargándose del epílogo La muerte del Capitán América: El hijo caído, purgando su propio duelo. Incluso, Quesada le permitió colaborar pese a su exclusividad con Dark Horse para la “octava temporada” de Buffy Cazavampiros, como deferencia a Joss Wedhon y siempre cerca del ámbito televisivo. Porque su actividad principal volvía a ser la televisión, produciendo y guionizando la segunda temporada de Perdidos y las tres primeras de Héroes, con cuyo co­creador, Tim Kring, había co­escrito curiosamente Teen Wolf 2 en 1987, aparte de incluir en la trama las ilustraciones de Tim Sale. Sobre todo, la serie de la NBC marcaba el claro avance de lossuperhéroes catódicos, y sus reminiscencias a la franquicia mutante no hacían sino más sangrante la incomparecencia televisivamarvelita. A pesar de su gran arranque, Héroes cayó en un rápido declive que propició la salida de Loeb de su última temporada, volviéndose a centrar en los cómics a partir de 2008 y trayéndose de paso a Marvel a su colaborador de la serie Aron Coleite.

Regresó al cómic por partida triple y no menor polémica, relanzando en primer lugar El increíble Hulk con motivo de su película aunque sorprendentemente en la dirección contraria a aquella y hasta del propio personaje, pero convirtiéndolo por primera vez en una franquicia; también mareó el origen de Lobezno en «Evolución» (más su  secuela), motivando el desdoblamiento de su colección al ritmo de su saga fílmica; y por último volvió completamente del revés el Universo Ultimate, que ciertamente necesitaba un buen meneo pero dejaron tocado de muerte las no obstante ascendentes Ultimate Power, The Ultimates 3, Ultimatum, Nuevos Ultimates y Ultimate X. La diferencia con sus anteriores obras comerciales no era tanto su exceso de efectismo como la ausencia del parapeto de ninguna obra de prestigio que atemperara las críticas, dejando siete largos años plantado de 2008 a 2015 Capitán America: Blanco junto a Sale en su número #0, dejando incluso pasar el estreno en 2011 de Capitán América: El Primer Vengador.

Para entonces, el interés de Loeb había vuelto a oscilar hacia la pequeña pantalla, pero esta vez a la cabeza de la flamante Marvel Television, como gran apuesta de Disney para expandir su recién adquirida Casa de las Ideas a partir del camino ya emprendido por Marvel Studios e inicialmente como una nueva división dentro de éstos. Una estrategia a la que se sacrificaron las añoradas Espectacular Spiderman y Los Vengadores: Los héroes más poderosos de la tierra, trasladando sus personajes al nuevo Universo Animado del Canal Disney, a imagen del cinemático y adaptándolos a su propia escuela. Dichas licencias no implican perder de vista los cómics, sino que más allá de las adaptaciones al papel de estas series, el propio Loeb ejerció de puente al universo tradicional en ambos sentidos, presentando a su nuevo Nova en la serie animada de Ultimate Spiderman o trasladando su familia Gamma a la nueva Hulk y los Agents of S.M.A.S.H., además de retomar quince años después a Cable en Los Vengadores: Sanción X.

Más titubeantes parecen aún los ensayos en la animación para el mercado doméstico una vez concluido el acuerdo con Lionsgate. Pero el principal frente es la reconquista de la imagen real televisiva, con la serie más longeva de la historia de Marvel, Agentes de SHIELD, demostrando las fortalezas y debilidades de un canal generalista como la ABC, propiedad de Disney, que daría paso a Agente Carter, los fallidos pilotos de Marvel’s Most Wanted y Damage Control y la debacle de Los Inhumanos; al tiempo que saltaba al streaming con Los Defensores, en manos de Netflix, y en una tercera fase con Runaways, Capa y Puñal y Helstrom a las plataformas de Hulu y Freeform, todas ellas con producción no obstante de la ABC. Más una imprevista alianza con Fox, que se traduciría en Legion y The Gifted. Mientras, a Loeb aún le daba tiempo de auto ­homenajearse escribiendo algún episodio del revival de Teen Wolf, aunque no podría liberarse de la alargada sombra de Marvel Studios, tras su segregación de Marvel Entertainment y haya quedado finalmente fuera de la luz de Feige, cuando éste recuperó finalmente el control mediático y la dirección creativa de Marvel.

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A falta únicamente de los últimos créditos de Loeb como productor ejecutivo de M.O.D.O.K. y acaso Hit Monkey, pero fuera ya del organigrama de la Casa de las Ideas y regresando sólo al cómic testimonialmente para el desfile de Marvel Comics #1000, podemos declarar cerrada su etapa tras la cancelación de Helstrom. Pero con todos sus aciertos y sus tropiezos, debemos reconocerle haber llevado a la television marvelita donde nadie soñaba, No sólo en cantidad, con hasta quince series en imagen real y todo un universo animado, sino sobre todo en variedad, extendiendo la continuidad Cinemática a la pequeña pantalla, y trascendiendo a las limitaciones de ésta a través del streaming y a las del propio género, abriendo la puerta a diversificarlo después en la propia pantalla grande. Similarmente a la creación de Marvel Studios por Avi Arad, desbancó el dominio de DC sin una estructura de producción propia ni ningún icono en su catálogo, y como él, quedará eclipsado por la revolución con una sola serie de Kevin Feige. De igual modo que su indiscutible éxito comercial en el cómic primará sobre el prestigio de sus obras de autor y sus cuatro primerizos premios Eisner. Precursor de la renovación del cómic de autor al tiempo que superviviente de la burbuja especulativa de los años noventa, y máximo exponente de los superheroes en la pequeña pantalla, Loeb acredita una carrera bipolar capaz de opacarse a sí misma, pero que ha roto los límites corporativos de las viñetas.

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