Capitán America (1990): Iconos vacíos

Proseguimos nuestro repaso por las reseñas del Daily Bugle: Edición Cine, actualizando en este caso la sección publicada originalmente en Marvel Age #9 (septiembre de 2016):

4fa955ce-15f7-4606-8b5c-d877e1f0ff1d.sized-1000x1000-1Tercera entrega de nuestro repaso histórico al cine marvelita, tras Howard, un nuevo héroe (1986) y El Vengador (1989), y las consiguientes disolución y quiebra de Cadence Industries y New World Entertainment. El nuevo hombre fuerte de Marvel se llama Ron Perlman, magnate del conglomerado empresarial McAndrews & Forbes, con una visión ciertamente premonitoria: “crear una mini-Disney en términos de propiedad intelectual, sobre la base de los personajes Marvel”. En base a la cual desataría una de las mayores burbujas especulativas de los años noventa, en la que el cine, no obstante, jugaría un papel sorprendentemente menor… o que quizá estalló por no ver a tiempo el potencial de sus adaptaciones.

235582Y eso que New World cayó también bajo el control de Perelman, pero se ocuparía principalmente del frente televisivo, por su dimensión real y porque los principales personajes estaban en manos de otras productoras, muy destacadamente Cannon Films, licenciataria del Capitán América desde 1984 y de Spiderman desde 1985. Aunque se tratara en principio de una productora menor, por la misma época se hizo también con Superman IV y Masters del Universo. Por un momento pareció que podía acaparar el género, pero sus fracasos la llevarían finalmente a la quiebra, en plena preproducción de Spiderman. El Capi se encontraba en un estado muy anterior, con apenas un primer borrador de guión a cargo del veterano Michael Winner (El justiciero de la ciudad), que reconoce que ni se había leído un cómic. Mientras, La Distinguida Competencia se daba el relevo a sí misma y desataba la Batmanía.

capitan-america-la-pelicula-vhs-1990-superheroes-ficcion-vhs-4175-MLA2889076784_072012-FEl Capi era, no obstante, la respuesta más lógica a Batman y Superman, siendo un superviviente como ellos de la Edad de Oro, sin superpoderes como El Caballero Oscuro y en muchos sentidos la suma de ambos. O más bien la opción ideal para un subproducto al rebufo de su éxito, cuando el legendario Menahem Golan se las apañó para emerger de la quiebra de Cannon al frente de una productora que llevaba inactiva casi veinte años, 21st Century Film, logrando retener ambas licencias de Marvel, lo que enfangaría a Spidey durante una década pero sí que llevaría a la producción en un tiempo récord de Capitán América… para no poder estrenarla en cines más que en unos pocos países, con una recaudación de unos 10 millones de dólares (para un presupuesto estimado de unos 8), y salir directamente a vídeo en Estados Unidos, tan tarde como 1992, dejando pasar el cincuenta aniversario de su creación. Más una oportunista versión del director en 2011, coincidiendo con El Primer Vengador.

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Al frente de la producción se encuentra el no menos mítico director de serie-B, Albert Pyun (Ciborg), el mismo que hubiera dirigido Spider-Man y que rebaja en su descargo el presupuesto a unos míseros 3 millones. Se trata en realidad de una coproducción con la yugoslava Jadran Films, rodándose la parte europea del filme en Croacia para ahorrar costes. El Capi fue por tanto uno de los primeros héroes occidentales en cruzar el Muro. Pero tampoco eso se explota, sino que tuvo sorprendentes consecuencias en la adaptación: ante las evidentemente mediterráneas localizaciones reales de la costa dálmata, se optó por reconvertir a Cráneo Rojo en un joven pianista italiano, secuestrado en los años treinta por los nazis para ser sometido a la fuerza a una versión del suero del supersoldado… de la Doctora Vaselli, en lugar del Doctor Erskine. Con todo, a Scott Paulin le queda la honra de haber interpretado al primer supervillano Marvel en imagen real. Y dentro de las limitaciones presupuestarias, su máscara y en general todo el bloque introductorio en la II Guerra Mundial es lo mejor del filme, si tomamos como referencia los inocentes cómics de La Edad de Oro, si descartamos su desarrollo por Steve Englehart o Mark  Gruenwald a la vez que la película.

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De hecho, descalabro económico al margen, la más que notoria influencia de dicho arranque sobre la posterior ultimatización del Capi por Mark Millar y Brian Hitch, y a través de ésta en el Universo Cinemático y los propios cómics, salva en parte la película. Un legado insospechado, pero no tan extraño asumiendo la vocación fílmica de The Ultimates. De aquí surgió por ejemplo el uniforme militarizado que el mismo Hitch ayudaría a trasladar a la pantalla y de vuelta al cómic.

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También clava su atuendo y aspecto físico en la despedida de Steve Rogers y su novia. Por más que Matt Salinger (hijo del mismísimo autor de El Guardián sobre el centeno, J.D. Salinger) pudiera dar el tipo físico del Centinela de la Libertad, resulta casi más creíble como recluta, dada su falta de carisma, incluso reduciendo su transformación física a una mera cojera para justificar que no pudiera ser alistado convencionalmente. Si bien Millar recurrió a la identidad de Gail Richards, la compungida secretaria del Capi en el viejo serial de 1944, la película crea en cambio a Bernice Stewart, combinada a su novia de la época, Bernie Rosenthal, con el recuerdo de Peggy Carter, por cuanto la misma la misma actriz, la televisiva Kim Gillimham, dará vida también a su hija, Sharon Coperman, a partir a su vez de la entonces oficialmente muerta Sharon Carter.

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En los cómics era la hermana de Peggy, hasta que que Ed Brubaker la transformó en su sobrina, pero aquí el salto generacional impide desarrollar la previsible trama romántica, apareciendo de hecho su padre en una única toma, para descartar que sea hija de Steve. Tampoco es agente secreta, por lo que su presencia acaba siendo bastante gratuita. Con todo, la escena del reencuentro de Bernice y Steve, a destacar de nuevo la convincente triple caracterización de Gilimham, consigue la suficiente emotividad para contar con su equivalente Ultimate y Cinemático. De modo que, sin ella, quizá, Peggy no habría alcanzado a convertirse en el personaje vertebral del Universo Marvel que es hoy día.

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Sin olvidar las respectivas réplicas definitiva y fílmica a que la primera reacción del Capi ante la nueva América sea creer que se trata de un montaje del Eje, por ser cada vez mayor el shock cultural que en los años sesenta en los que despertó originalmente. La versión de 2011 también asumiría directamente, sin pasar por el filtro Ultimate, la iconografía del experimento así como el tópico de vincular a Cráneo y Steve al mismo suero conforme al tópico de dotar de un origen común a los héroes y sus villanos en las adaptaciones cinematográficas.

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Lamentablemente, eso es casi todo lo que se puede decir de la cinta. El peaje por pretender abarcar la génesis del personaje y sus dos grandes periodos es que se diluye a partir de su primer tercio en una trama tan absolutamente genérica y tan consciente de no poder hacer justicia a su protagonista, que cuesta tomársela en serio. Si no lo intentas, podrás reírte al menos de los manifiestos atajos de guión y agujeros de producción, incluídas las tretas más arteras y una única acrobacia, ¡una voltereta!, por parte del Capi en toda la película. Y con el inverosímil Presidente Kimball, quien acaba salvando realmente el día, con Ronny Cox exprimiendo los últimos coletazos de Robocop y Ned Beaty haciendo lo propio para aportar la pretendida legitimidad de Superman. O por supuesto, los abdominales de pega del traje y sus orejas de goma, porque los agujeros de la máscara le hacían daño a Salinger. Reír por no llorar, considerando que el descenso cinematográfico de Marvel a los infiernos no había hecho sino comenzar.

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